Lo que más me preguntan antes de una primera sesión no es qué es el reiki. Es si hay que desvestirse, si tienen que hacer algo y si va a pasar algo raro. Así que voy a contestar a todo eso de una vez, para que llegues tranquila.
No hay que desvestirse
La sesión se hace completamente vestida. No hay aceites, ni masaje, ni nada que se aplique sobre la piel. Trabajo con las manos sobre tu cuerpo o unos centímetros por encima.
Ponte ropa cómoda, de esa con la que puedas estar tumbada una hora sin que nada apriete. Si vienes del trabajo y llevas cinturón o algo rígido, lo puedes soltar y ya está.
Qué traer
- Nada, en realidad. Ni esterilla, ni ropa de cambio, ni saber nada previo.
- El móvil en silencio. No en vibración: en silencio. Es la única norma de la casa.
- Tiempo de sobra. Llegar corriendo y con el coche mal aparcado no ayuda.
- Lo que quieras contarme. O nada. No hace falta que me expliques tu vida para que la sesión funcione.
Lo que sí tienes que decirme antes
Esto no es curiosidad, es necesario. Necesito saber si tienes alergias, alguna patología crónica, la tensión alta o baja, diabetes, o si estás embarazada. También si estás en tratamiento psicológico o psiquiátrico.
No necesito tu historial médico ni los detalles. Solo lo que pueda afectar a cómo trabajamos.
Qué vas a notar durante
Aquí no hay un guion. Cada persona responde distinto, y esto es de las pocas cosas de las que estoy segura después de doce años.
Hay quien nota calor en las manos. Hay quien siente hormigueo, o un peso agradable, o que una zona concreta se le mueve por dentro. Hay quien se duerme —y no pasa nada, sigue funcionando—. Y hay quien no nota gran cosa y lo nota al día siguiente.
No sentir nada espectacular no significa que no haya pasado nada. De verdad. Es la duda que más gente se lleva a casa y no me dice.
Qué puede pasar después
Lo cuento porque prefiero que lo sepas y no te asustes:
- Puede darte sensación de mareo o de estar removida emocionalmente.
- En muy pocos casos, algo de náusea.
- Es habitual tener más sed de lo normal, o un cansancio raro esa tarde.
Estas molestias suelen desaparecer pasados unos minutos. Si te sientes descolocada durante la sesión, dímelo en el momento: paramos, respiramos y seguimos cuando tú quieras.
El resto del día
Bebe agua. Más de la que te pida el cuerpo.
Y si puedes, no te programes nada exigente justo después. Ni una reunión, ni una conversación difícil, ni una comida familiar de las complicadas. No porque vayas a quedar inservible, sino porque el rato de después es donde se coloca lo que ha movido la sesión, y merece la pena dárselo.
¿Y si lo hacemos a distancia?
Funciona igual, y mucha gente lo prefiere. Te quedas en tu casa, en tu cama o en tu sofá, y al terminar no tienes que conducir ni salir a la calle.
Lo único que cambia es que preparas tú el sitio: un rato sin interrupciones, la luz baja si te apetece, y el móvil en silencio.
¿Lo probamos?
Te tumbas, vestida, y recibes. Tú no tienes que hacer nada. Presencial en Cunit (Tarragona) o a distancia.
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